En ciudades como Madrid no hay distancias cortas y, aunque el transporte público es una buena opción, las aglomeraciones y los retrasos pueden provocar un gran desgaste personal.

Esta era la situación de Marta cada día. Vive en San Fernando de Henares pero trabaja en el centro de Madrid. “Mi pareja trabaja en el aeropuerto y los alquileres en San Fernando no son como en Madrid. Aún así llegamos a plantearnos mudarnos. Yo tenía que levantarme a las 5:30 a.m para ir a trabajar en transporte público y, aunque pensé en la opción de  utilizar un coche de mis padres, era demasiado viejo y las restricciones medioambientales no me permitían dejarlo en la zona que yo trabajo”

En un principio estuve pensando en comprarme un coche pero, cuando me estaba convenciendo de hacerlo, siempre surgían los mismos problemas: si quería comprarme un coche que me asegurarse no tener problemas en un futuro lo mejor sería escoger un híbrido (lo cual incrementa el precio) y si ya le sumaba el seguro, los impuestos, las revisiones… se me ponía en un pico. Llegué hasta a ver con buenos ojos el transporte público diario…

Supe de Bipi por un amigo que siempre defiende el vivir sin ataduras. Al principio pensé en que mi modo de vida no era como el suyo y que, aunque a él si le fuese bien, yo era más tradicional en ese aspecto. Tengo que decir que finalmente me convenció la facilidad y la flexibilidad que me ofrecieron.

Yo aún sigo siendo joven y sería muy atrevido decir que donde estoy es mi trabajo definitivo, pero sin embargo estoy segura que los próximos meses (o años) si que estaré ahí.

Lo que Bipi me ofreció se adaptaba perfectamente a mis necesidades. Me suscribí a un Fiat 500 GLP. Es híbrido y me cabe (casi) en cualquier sitio que es lo que estos momentos yo necesito. 

Para mi era muy importante saber que si en unos meses cambiaba mi vida tal y como la tengo organizada ahora, mi coche no supondría un impedimento para ello.

Ahora me levanto a las 6:45 am por lo que, no solo he ganado comodidad, he ganado salud y todos gracias a Bipi

Marta Rueda Pérez